De unas semanas a la fecha, la Secretaría de Gobernación viene promoviendo el cumplimiento del artículo 97 de la Ley General de Población relativo a la creación de la Cédula de Identidad Ciudadana. Nadie en su sano juicio puede estar en contra de que se acate la norma, empero llama la atención la premura del gobierno calderonista por hacer cumplir una disposición nacida en 1990, que ahora contiene mayores datos de identificación que los considerados originalmente en el artículo 107 de la ley de referencia. Estoy convencido de que la emisión de esta cédula tiene muchísimos más riesgos que beneficios para la sociedad mexicana a la luz de los siguientes elementos:
Primero. Es cierto que la Cédula de Identidad Ciudadana debe ser expedida por la Secretaría de Gobernación, de acuerdo al artículo 97 de la Ley General de Población. Ello es entendible por el momento histórico en que esa ley fue aprobada. El presidencialismo, la invasión del Ejecutivo sobre los otros poderes y la ausencia de debates serios sobre derecho informático y protección de datos personales tenían carta de naturalización. Hoy, en el siglo XXI, ¿alguien confiaría en la imparcialidad de Gobernación para integrar, manejar y controlar los datos más íntimos de las personas? No lo creo.
Segundo. En México aún no se aprueba una Ley Federal de Protección de Datos Personales que regule, observando las mejores prácticas internacionales, el derecho a la vida privada y el grado razonable y necesario de intrusión en este derecho humano por parte del Estado. La falta de una ley impide saber la finalidad del uso y destino del cúmulo de datos que se pretende tenga la cédula, entre ellos los biométricos. Qué bueno que se haya pensado que una cédula con estas características brinde certeza sobre la identidad y acote los casos de suplantación y homonimias. El problema es que, en las actuales circunstancias, no hay ninguna garantía de que la información contenida en la cédula en cuestión no sea utilizada con fines ajenos para los que debería ser elaborada. Por lo anterior, existen razones para pensar que puede tener un uso para fines políticos, de seguridad o fiscales, generando una afectación abusiva en el derecho a la vida privada de los mexicanos, haciendo no un Estado de cristal, sino numerificando a la persona; haciendo que el acceso a la información no sea para que el Estado rinda cuentas, sino para que los gobernados se despojen de sus espacios de intimidad.
Tercero. En la experiencia internacional el tema de la Cédula de Identidad Ciudadana ha sido una cuestión sujeta a debate, que ha ido desde la fortaleza del estado de derecho, de la amplia cultura jurídica y de la activa participación cívica como en Alemania, Bélgica o Francia, donde carecen de datos biométricos o, de plano, se han llegado a prohibir constitucionalmente números únicos. Es el caso de Portugal, como lo prescribe el artículo 35, numeral 3 de su constitución. En la exposición de motivos de la carta magna de 1976 se concluye que los derechos a la vida privada y a la dignidad humana podrían ser menoscabados por un número único de identidad, como se pretende ahora en México. El problema es que ahí no se cuenta con ninguna de las garantías efectivas que sí existen en las democracias desarrolladas. Cabe añadir también que hoy sólo existen pasaportes biométricos, no cédulas de identidad, que contienen datos menos intrusivos al derecho a la vida privada.
Cuarto. El uso de la credencial para votar como documento de identificación personal no es la solución ideal. Hasta ahora ha sido un mecanismo remedial, sin duda perfectible. Si se destinan 3 mil millones de pesos para la expedición de este documento, cabe preguntarse por qué no se invierten mejor en transformar esa credencial de elector en la Cédula de Identidad Ciudadana. La tarea podría recaer directamente en el IFE, una institución del Estado con probada eficacia en estos menesteres; además, por su naturaleza colegiada, garantiza una mayor seguridad para los ciudadanos que la Secretaría de Gobernación. Para ello sería pertinente una pequeña reforma a la Ley General de Población e impulsar una Ley de Protección de Datos Personales.
Es absurdo, por otro lado, mantener la credencial para votar y la Cédula de Identidad Ciudadana como si fueran cuotas políticas, afectando en esa hipótesis los bolsillos de los mexicanos. Del mismo modo, la intervención del IFAI en el proceso de creación de la cédula no es garantía de nada, pues, como se sabe, ese organismo carece de autonomía y forma parte de la Administración Pública Federal.
En todo caso, ante la ponderación de derechos yo prefiero la libertad y los remedios actuales de la credencial para votar que la seguridad invasiva en perjuicio del gobernado.
¿Cobran algunos columnistas mexicanos en Los Pinos? Si no cobran, deberían hacerlo. Porque, de plano, escriben como si Felipe Calderón les pagara. Véase la siguiente muestra.
Adrián Trejo, de El Economista: “Nunca en los tres años de su gobierno, el presidente Felipe Calderón Hinojosa había pronunciado un discurso tan cargado de mensajes que anticipan la toma de decisiones fundamentales en todos los ámbitos de la vida nacional. A diferencia de lo que se esperaba, porque así se había acostumbrado, el centro del discurso no fueron los “logros’’ de la administración sino la visión crítica del país y por primera vez en muchos años, el trazo de la ruta a seguir”.
Héctor Aguilar Camín, de Milenio, dijo exactamente lo mismo: “Un trazo de futuro. En su fiesta sustituta de Informe a la República, el presidente Calderón no hizo un recuento anodino de su pasado año de gobierno, sino un trazo del futuro deseable para la nación. Todo un acierto”.
Leo Zuckerman, de Excélsior: “Apareció el Presidente. Por fin, después de una larga espera, el Presidente se definió: quiere ser un actor político relevante. Entiende la gravedad de la situación y, por tanto, va por todas las canica… Excelente mensaje. El decálogo de Calderón deja muchas dudas que tendrán que disiparse en los próximos días. La pieza retórica tiene que convertirse en acciones definidas. De lo contrario, todo quedará en un buen discurso. Ya veremos qué tanto Calderón piensa luchar por conseguir cambios de fondo. Por lo pronto, ayer anunció que quiere participar en la lucha. Se trata de una excelente señal”.
Ciro Gómez Leyva, de Milenio: “… su discurso fue en cierta medida impecable, el mejor de su mandato. Acertó. El autoelogio en voz baja, el diagnóstico lógico de la crisis que se desparrama, la autocrítica creíble, jamás escuchada a mitad de sexenio; la ruta a seguir y la arenga a sus pares, a sus contemporáneos, para que dejen de ser la generación del fracaso y se transformen en una que aún pueda ser perdonada por la historia nacional. Pidió reformas y prometió quitarle grasa a su gobierno. Invitó a dejar atrás mitos, prejuicios, tabúes. Y dejó la impresión de que él hará lo propio con los suyos: los panistas y los calderonistas”.
Román Revueltas Retes, de Milenio: “Qué ganas de querer fastidiar al presidente de la República: si quiere cumplir con los usos y costumbres consagrados por el antiguo régimen y se persona en el Congreso para rendir cuentas, entonces los diputadetes gañanes le cierran el paso; si luego envía su informe por medio del ministro de Interior pues resulta que tampoco, que debe aparecerse él mismo para que le ladren y le escupan. Si va, está mal; y si no va, está mal. Haga lo que haga, le lloverán críticas y censuras. Luego de afrontar, una y otra vez, las majaderías de una oposición desleal se entiende perfectamente que el primer mandatario no quiera prestarse ya, así sea para resguardar su investidura de jefe del Estado mexicano y representante de todos los ciudadanos, a jugar el papel de víctima forzosa de esa gentuza y a sobrellevar sus zafias provocaciones”.
Lo dicho, si estos columnistas y otros no cobran en Los Pinos, deberían hacerlo. Porque escriben como si Calderón les pagara.
Candidato a jefe delegacional en Iztapalapa, las encuestas y otras estimaciones no le daban más de 2% de los votos, pues era territorio perredista.
En nombre de una causa, hay seres humanos capaces de cualquier sacrificio, incluso el de la propia vida. Los hay que no se doblan ante los embates del chantaje o el soborno, de la represión ni del hambre. Algunos son capaces de resistir las tentaciones del sexo y del dinero, de la fama o del poder. Son siempre una minoría, pero existen y proporcionan ejemplos que acaban por hacer suyos las mayorías. Son personas de esas que imponen una moral distinta y terminan por cambiar la historia.
Como es evidente, a Rafael Acosta, más conocido como Juanito, le falta consistencia para ser de esa minoría. No es que carezca de mérito, pues no es poca cosa ganarse el sustento cuando la vida niega oportunidades básicas como la educación o el empleo. Juanito ha tenido que multiplicarse en diversas actividades para sobrevivir y lo ha hecho tan bien que ahora, según se ha informado en los diarios, posee por lo menos dos puestos callejeros.
Juanito sabe lo que es no tener techo ni pan, carecer de atención médica y de un lugar en este mundo. Es de los prisioneros de la necesidad, pertenece a la numerosa hueste marginada de todo bienestar. Pero es también un luchador, uno de esos seres que no se resignan a la desgracia y que si encuentran las puertas cerradas buscan la mínima rendija para meterse, porque pese a todo mantienen la esperanza. Por eso siguió a Andrés Manuel López Obrador, entusiasmado con la política social del ex jefe de Gobierno capitalino, que más allá de su voluntad y de sus malquerientes, representa la posibilidad de la justicia social.
Juanito, como lo sabe todo el mundo, es flor de asfalto, carne de barricada, parte del ejército industrial de reserva que ha ganado medallas en la lucha callejera. Junto a López Obrador aguantó los embates de la infamia bien pagada, las amenazas y los intentos de cooptación. Cerrados los caminos de la participación política en su propio partido, buscó otro espacio para hacerse valer. Y lo halló en el Partido del Trabajo, en el que recalaron algunos perredistas y varios miembros del estado mayor de AMLO.
Candidato a jefe delegacional en Iztapalapa, a Juanito las encuestas y otras estimaciones no le daban más de 2% de los votos, pues se trata de una delegación perredista. Pero ocurrió que el TEPJF, empeñado en dilapidar cualquier asomo de credibilidad, le quitó a Clara Brugada la candidatura del PRD y se la dio a una representante del clan de los chuchos, cada vez más cercano a los afectos del establishment. Y entonces todo cambió.
López Obrador, frente a la cínica decisión del TEPJF, llamó a no votar por el PRD, aunque en las boletas apareciera el nombre de Clara Brugada. Pidió que el sufragio fuera para el PT y su candidato Juanito, quien si ganaba iba a renunciar para dejar libre el cargo que la señora Brugada ocuparía si así lo consentía Marcelo Ebrard y lo aprobaba la Asamblea Legislativa.
La jugada tenía un altísimo grado de dificultad, pero aun así, la primera parte, la más difícil, concluyó con un éxito rotundo para López Obrador, que demostró de lo que es capaz. Perdió el PRD y el triunfo fue para el PT y su candidato Juanito. Sin embargo, éste, en un desplante de inmadurez, atribuyó el éxito a su simpatía y arrolladora personalidad y al paso de los días se vio claro que iba alejándose del acuerdo tomado con AMLO y Clara Brugada.
Entonces, el hombre que había resistido heroicamente todos los embates de la vida se desdobló y en lugar del curtido luchador proletario apareció el pobre diablo incapaz de entender lo obvio: que “su” triunfo no era de él, sino de López Obrador, que mandó a su gente, calle por calle y casa por casa a peinar toda la delegación, a convencer y a ganar.
Infatuado por un éxito al que sólo le prestó su cara y su nombre, Juanito se sintió tocado por los dioses. Empezaron a cortejarlo los derrotados, le hicieron ver lo que ganaría como delegado, los muchos cargos públicos que tendría para repartir entre sus amigos, los contratos que podría firmar mediante una jugosa comisión, los fondos disponibles en la tesorería de Iztapalapa y el amplio margen que tiene siempre la autoridad para manejar dinero público. Y cayó en la tentación mientras sus contrincantes se relamían los bigotes.
Es difícil saber en qué acabará este sainete. Lo cierto es que la carne es débil y que la política debe contar con las deslealtades. López Obrador y otros perredistas habrán aprendido que los militantes no están hechos de una pasta especial, que son, como casi todas las personas, seres capaces del mayor heroísmo y de la peor bajeza, de la virtud y de la traición, y que casi todo depende de las circunstancias, como bien lo saben los panistas, que en otro tiempo se persignaban espantados ante las corruptelas del PRI, pero ahora se han convertido en tapaderas o cómplices del enriquecimiento inexplicable de los hijitos de Marta Sahagún o de la podredumbre de varios de sus gobernadores. Es mal de muchos, pero no es, no debe ser, consuelo aceptable.
HUMBERTO MUSACCHIO. NUEVO EXCELSIOR. CARTÓN DE HERNÁNDEZ.
Calderón valora IVA en alimentos y medicinas; "muy probable" la desaparición de secretarías
Aun cuando la mayoría priista en la Cámara de Diputados ha hecho patente su total rechazo al IVA en alimentos y medicinas, el Presidente Felipe Calderón pidió a los legisladores no desechar esta alternativa para fortalecer los ingresos del Gobierno Federal.
A su vez, estimó como "muy probable" la desaparición de algunas secretarías de Estado para aumentar el ahorro gubernamental.
En una de sus primeras entrevistas radiofónicas con motivo de su Tercer Informe de Gobierno, el mandatario demandó a los partidos priorizar los cambios de fondo que necesita México sobre los cálculos electorales.
Al responder a una de las preguntas hechas por el conductor del noticiero Imagen Informativa, Pedro Ferriz, el jefe del Ejecutivo enfatizó lo siguiente:
"Tenemos que explorar todas las alternativas, incluyendo las que sean políticamente más complejas. No hay alternativa, no tenemos recursos, tenemos que analizar todas incluyendo las de consumo y las de ingreso, porque la situación es verdaderamente preocupante", aseveró.
Un día antes, durante la ceremonia en Palacio Nacional, Felipe Calderón llamó a tender puentes de entendimiento y formar una alianza para emprender cambios profundos en México.
Ante unas 2 mil personas reunidas en Palacio Nacional, Calderón comentó entonces que los retos que enfrenta el país –como la pobreza extrema y las secuelas de la crisis internacional– obligan a redefinir las prioridades y el ritmo de los cambios.
En ese ánimo de construir una gran alianza, añadió: "Y no pienso ni provocar ni convocar a la división del país, por el contrario, convoco a la unidad para transformar a México en el país que queremos; convoco a que cada una y cada uno de nosotros ponga lo que tenga que poner para que las cosas cambien".
Unas cuantas horas más tarde, en una de sus primeras entrevistas radiofónicas matutinas, el mandatario puso sobre la mesa el analizar la viabilidad del IVA en alimentos y bebidas como alternativa para fortalecer los ingresos del Gobierno, medida que choca con la agenda del PRI y, también con la izquierda agrupada en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido del Trabajo (PT).
Para Calderón la solución para las familias más pobres estará en encontrar una fórmula que permita canalizar ayudas directas a esos hogares y, al mismo tiempo, neutralizar cualquier medida fiscal que pudiera afectarlos.
El Estado –agregó- recauda menos de 10% de su Producto Interno Bruto (PIB) en ingresos fiscales distintos a los petroleros "no tiene futuro".
En su última vista a Los Pinos, en la víspera del informe de Gobierno, el nuevo dirigente del PAN, César Nava, dijo que no apoyarían el IVA en alimentos y medicinas como medida para fortalecer al Gobierno.
Aun cuando no dio siglas, comentó que la semana próxima presentará un paquete de reformas económicas ante la Cámara de Diputados.
No debemos tomar a la ligera el regreso de los godos. Era así como se aludía a los ultraconservadores en el siglo XIX, y son ésos los que están de vuelta. Un notable escritor sinaloense nacido en 1792, Pablo de Villavicencio, acuñó una expresión muy descriptiva: “Si vienen los godos nos cuelgan a todos”. Y tenía razón. Están llegando y pretenden pulverizar lo que queda del Estado secular mexicano.
Por lo pronto, 15 estados han reformado sus constituciones para incluir un texto inspirado por la curia mexicana con el propósito de hacer imposible el aborto y la eutanasia en el país. Esa cadena de estados, o esos estados encadenados, están a punto de contar con el decimosexto eslabón: Sinaloa. En este estado la totalidad de los diputados del Partido Acción Nacional y la totalidad de los diputados del Partido Revolucionario Institucional se adhirieron a una especie de “Santa Alianza Antiabortista”, análoga a la de otras entidades. A la luz de lo que sucede, un ciudadano independiente tiene derecho a preguntarse: “si así están los revolucionarios, ¿cómo estarán los reaccionarios?”.
El modelo jalisciense, reiterado con más o menos palabras en los restantes casos, reza así: “Artículo 4º: […] el Estado de Jalisco reconoce, protege y garantiza el derecho a la vida de todo ser humano, al sustentar expresamente que desde el momento de la fecundación entra bajo la protección y se le reputa como nacido para todos los efectos legales, hasta su muerte natural”.
Como principio religioso sujeto a la decisión libre de cada persona,ese enunciado es respetable; pero como comando coercitivo de aplicación general es una expresión facciosa. Por eso entre un Estado confesional y un Estado totalitario la diferencia es semántica. El criterio adoptado por los congresos estatales es opuesto al que hasta ahora sostiene la mayoría de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por lo que el mensaje es amenazador: el Senado, como cámara representativa de las entidades federativas, bien podría designar en noviembre a dos ministros que redujeran la actual mayoría en la Corte. De esta forma se procuraría evitar que la Corte declare la manifiesta inconstitucionalidad de las reformas adoptadas por un número creciente de estados. El plan consiste en imponer una contrarreforma constitucional desde los estados; es una ingeniosa acción de presión política nunca antes empleada. Si triunfa, la nación queda sobre un yunque. ¿Estarán conscientes todos los actores que se han prestado al juego?
El fenómeno confesional en el país es muy desconcertante. La primera impresión indicaría que ningún partido tiene la fuerza requerida para enfrentarse al clero; esto sería grave porque denotaría una extrema endeblez de las instituciones políticas. Pero temo que el problema sea todavía peor: no es la debilidad sino la connivencia lo que les lleva a actuar en esos términos. Aunque resulte una paradoja, parece haber un pacto fáustico con el clero, inspirado por el pragmatismo y con la mirada puesta en 2012. ¿Será que los dirigentes políticos del país han comenzado un trueque de compromisos en el que los principios, las convicciones y las ideologías no tienen cabida?
Es posible que estemos viviendo una de las mayores contradicciones de nuestra historia, porque vamos a celebrar dos epopeyas con una claudicación: la del Estado secular. Más de la mitad del territorio y más de la mitad de la población están ya en esa etapa. Como sinaloense, deploro que mi estado, otrora liberal, se incorpore a la lista donde ya aparecen Baja California, Campeche, Chihuahua, Colima, Durango, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Nayarit, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sonora y Yucatán.
Mi querido amigo Jaime Labastida me recordó hace tiempo un poema de Blas de Otero: “Vendrán por ti, vendrán por mí, vendrán por todos”. Sí, vendrán los godos.
Gritan "traidor" a Juanito en el Zócalo; "yo sigo con Andrés Manuel", asegura
A 29 días de tomar posesión de la jefatura delegacional en Iztapalapa, Rafael Acosta Juanito sopesó hoy personalmente lo que le espera en caso de echarse para atrás en su compromiso de entregarle el poder a la perredista Clara Brugada.
En pleno Zócalo capitalino, donde encabezó un evento con deudores de la banca, Juanito tuvo que salir por piernas y refugiarse en la estación del Metro, luego de que un grupo de seguidores estuvo a punto de liarse a golpes con algunos jóvenes que increparon y acusaron de "traidor" al jefe delegacional electo por incumplir con su palabra.
"Traidor... traidor", "idiota... bruto...", le gritaron una decena de jóvenes al petista que trataba de escudarse entre sus simpatizantes que, a su vez, coreaban su nombre: "¡Juanito... Juanito!".
Como pudo, Acosta se plantó frente a los periodistas que lo seguían y comentó que no tiene ningún interés en que la gente de Iztapalapa o de alguna otra zona de la ciudad llegue al enfrentamiento por su culpa.
"Si hay ese riesgo, mejor me echo para atrás y ya no voy por la delegación", dijo.
Confesó que está preocupado por lo "caliente" del ambiente en Iztapalapa y lo que pudiera ocurrir el día de protesta en la Asamblea Legislativa (ALDF), el 1 de octubre entrante.
Además, advirtió que nadie le puede decir que ya incumplió su palabra porque todavía falta un mes para la toma de protesta.
"No quiero problemas, no quiero enfrentamientos en Iztapalapa, yo voy a luchar por la paz social, yo no tengo miedo a las represalias pero no quiero que les pase algo a mis seguidores.
"A lo mejor podría correr sangre, pero yo voy a evitar todo eso, pero la gente está bien caliente en Iztapalapa, pero no de mi lado, del lado de Clara, y el día de la protesta puede pasar algo si no pongo remedio", afirmó.
En entrevista, reiteró que va a buscar a Andrés Manuel López Obrador para comunicarle que la gente en Iztapalapa le está pidiendo que se quede en el cargo.
"No estoy rompiendo con Andrés Manuel, yo sigo con él, lo único que le hago saber es que el pueblo de Iztapalapa está conmigo, que está pidiendo que yo me quede, pero aún así yo quiero tener el encuentro con López Obrador y con Clara Brugada, porque ella tiene su gente y yo tengo mi gente, y no quiero vaya a haber problemas".
Y antes de refugiarse en la estación Zócalo del Metro, se refirió a las declaraciones de López Obrador en el sentido de que él era una estrella más del Canal de la Estrellas.
Luego de apuntar que difiere de lo dicho por López Obrador, pero que lo respeta, aclaró:
"La gente me está pidiendo que luche por México, entonces yo tengo el compromiso no sólo por Iztapalapa, sino de luchar a nivel nacional por la gente que me lo pida".
Además de la petulancia de hacer oír su voz y exhibir su rostro en radio y televisión, a toda hora y durante todo el día, Felipe Calderón agrede a los mexicanos con otra insolencia inaceptable: Invadir el espacio privado del hogar y del trabajo para imponer su desmesurada campaña de mentiras.
Desde centros de telemercadeo --denominados calls centers en ese deleznable afán de agringarlo todo-- se hacen llamadas telefónicas a los domicilios particulares con base en los directorios públicos, pero también --y esto es muy grave-- a números privados que deben estar reservados por las compañías telefónicas, como Teléfonos de México.
Sin que puedan descartarse delitos, son casos que vulneran el principio de respeto a la intimidad, un método cada vez más empleado por los políticos, como lo hicieron en la más reciente campaña Demetrio Sodi, el delincuente electoral que busca impunidad, y César Nava, otro panista que también cometió faltas que deben ser sancionadas.
Este reciente episodio de Calderón es un acoso a los mexicanos que mancilla los momentos más íntimos de una familia y distrae de la actividad laboral, aun si los logros del gobierno fuesen una epopeya.
Pero tan excesivo afán de Calderón de ser visto y oído sólo exhibe su verdadera condición: El fracaso.
Y es uno tras otro: Esta fórmula de encubrir con el maquillaje de la propaganda la ineptitud es también muy costoso, aunque para eso --y para los onerosos sueldos de la alta burocracia-- hay recursos de sobra.
Solamente en pago por asesorías, encuestas y grupos de enfoque, así como producción de spots para promover su imagen, Calderón gastó para esta campañita que acosa a los mexicanos por lo menos 241 millones 470 mil 238 pesos.
Es una cifra mayor al recorte del presupuesto que Calderón hizo a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que asciende a 200 millones de pesos.
Pero como Calderón es un fanático de la imagen, justamente para encubrir su ineptitud, pero además compra el silencio de las televisoras, de los grupos radiofónicos y de buena parte de los medios impresos, los gastos en materia de difusión son de escándalo.
Aquí ya se había consignado información al respecto, pero es preciso reiterarla por la desmesura en el gasto para la imagen gubernamental, y en especial de Calderón, que ya superó a Vicente Fox en la materia, que ya dice mucho.
En efecto, en dos años y tres meses de gestión, Calderón ha gastado 8 mil 779 millones 548 mil pesos en publicidad gubernamental, según cifras de la Secretaría de Gobernación que publica la revista Etcétera en su edición de agosto.
Etcétera, que ha hecho un seguimiento sistemático de la evolución de este gasto desde el sexenio anterior --siempre con base en la información oficial--, describe que el gasto de Calderón se incrementó 228.57% comparado con el sexenio de Fox.
Además del despilfarro, otra característica une a Fox y Calderón: Destinaron la mayor parte de esos recursos públicos a anunciarse en la televisión, particularmente en Televisa y en Televisión Azteca.
Por eso se entiende que el recorte de 85 mil millones de pesos al presupuesto federal, como consecuencia de la brutal crisis económica, no afecte mayor cosa a la Presidencia de la República.
Las cifras son nítidas: A las secretarías de Desarrollo Social, Educación y Salud se les recortó un total de 8 mil 603 millones de pesos –sí, casi lo mismo que Calderón ha despilfarrado en imagen en lo que va de su gestión--, pero al presupuesto presidencial le tocó un recorte realmente simbólico: Sólo 7.1 millones de pesos.
En efecto, es una burla.
Eso gasta el individuo que, por lo demás, hizo otro ridículo al convocar a un boato en el Palacio Nacional para mañana 1 de septiembre, sin reparar que primero se debe instalar la Legislatura del Congreso de la Unión. Lo tendrá el miércoles, como en 2007, y seguramente se repetirá el acarreadero de burócratas.
Con Calderón cobra vigencia --casi como en el caso de "Juanito" que tanto gusta a los amanuenses del poder-- aquel adagio de Enrique González Pedrero: El poder atonta a los inteligentes y a los imbéciles los vuelve locos…
Apuntes
El abuso presupuestal campea en toda la alta burocracia de México: La peor crisis económica después de la Revolución Mexicana, cuyas consecuencias gestan un movimiento análogo un siglo después --el temido estallido social--, exige de quienes integran los poderes del Estado un mínimo de sensibilidad para acompañar el monumental sacrificio que cotidianamente hacen millones de mexicanos, que van siendo acorralados por el hambre. Un esfuerzo en este sentido se impone ya no por estrategia, sino por simple sentido común y, en el extremo, por la propia conveniencia de seguir exprimiendo a los pocos que pagamos impuestos. Pero no. Quienes forman parte de la casta burocrática que impúdicamente saca provecho del presupuesto en los tres niveles de gobierno, los tres poderes del Estado y en los organismos "autónomos", ratifican, día a día, que podrá haber otra revolución, pero jamás una mínima moderación a sus privilegios. Unos ejemplos: El IFE anunció un ahorro de 104 millones de pesos, pero es una cifra insignificante ante los más de 9 milmillones para 2010: Más de 6 mil serán para gastos de operación y unos 3 mil millones de pesos para distribuirlos entre los partidos políticos. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) anunció, por su parte, que también tendrá ahorros: Un total de 4 millones de pesos de 2 mil millones para 2010. Efectivamente, una burla tras otra…